Saturday, August 18, 2012

De la llegada a un país completamente nuevo

Llegó el día en que me tuve que ir de mi casa, dejar mi cuarto, mis comodidades, mi familia, amigos, novia, trabajo... todo por una meta.

La primera vez que viajé a Guadalajara, hice escala en Ciudad de México. Mi primera impresión al ir aterrizando fue la gran nube de humo que descansa sobre la ciudad.

Desde que iba bajando la ciudad se ve inmensa, no lograba ver el fin de ésta así como en mi ciudad natal, un sin número de vehículos atrapados en el tráfico de lo que me imagino debe ser una vida muy rápida en ese centro metropolitano.
El aeropuerto, inmenso, tiene 2 terminales, yo obviamente como nunca había estado ahí, me perdí como media hora antes de encontrar el mostrador y la puerta de embarque para mi vuelo hacia Guadalajara. Comparándolo con el aeropuerto de mi país, éste es como 10 a 15 veces más grande.
Para mi vuelo hacia Guadalajara tuve que viajar en un mini metro que conecta las 2 terminales. Durante el camino apenas se veía algo de la vida tan ajetreada fuera del aeropuerto, de los carros en el tráfico, la gente caminando rápido, y varios lugares de comida que estaba a punto de probar en los siguientes meses y de lo que hablaré en siguientes posts.

Llegué a Guadalajara, en la tarde como a las 6, afortunadamente el servicio de taxi es muy bueno, aunque algo costoso, te lleva donde lo necesitas. Yo en este caso me fue a un hotel ya que no tengo familia allá donde quedarme ni sabía como moverme.

Observé una ciudad menos traficada comparándola con Ciudad de México (aunque claro que mucho más que mi ciudad), una ciudad muy bien estructurada y organizada en comparación con otras ciudades de América Latina. La gente se veía relajada, moviéndose entre las calles para realizar sus diligencias, se siente, aunque quizás para mi es dificil de lograr escribir, un ambiente diferente


                                 

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